¿Por qué mentir a quien tanto te dio?
Es un sentimiento inexplicable, son preguntas sin respuesta, buscó y busco pero no encuentro el primero de los hombres que de una respuesta razonable después de cometer un grave error, después de fallarle a la persona que más le apoyo cuando el lo necesito, a la persona que más le brindó cuando sintió el que no tenia nada, la persona que se reflejo ante el como amiga, familia y muchas más cosas.
¿Por qué fallarle? ¿Por qué traicionar? ¿Por qué jugar con la doble cara de la moneda? ¿Por qué pagar mal cuando ha recibido sólo cosas buenas?
Nosotros los seres humanos experimentamos muchas emociones a lo largo de la vida, tristezas, felicidad, decepciones, perdidas familiares, derrotas y cualquier cantidad de altibajos en el transcurso de los años, sin duda alguna, lo más relevante, lo que marca es una pérdida familiar o una decepción amorosa.
En cuanto a las decepciones amorosas no se que pueda ser mas fuerte, si quizás enamorarse sin ser correspondido y perder a esa persona con el pensamiento de dejarla ir hasta donde sea necesario para ver esa persona feliz o si en su defecto es mas fuerte asimilar una relación estable, correspondida, duradera, una relación donde seas capaz de soñar, planear, imaginar, amar, tener la oportunidad de vivir experiencias únicas e inolvidables y más cuando se habla de un primer amor, de esos amores que marcan cada parte de tu ser, pero después de vivir tanto, de creer incluso hasta con los ojos cerrados, recibir un pañal, uno de esos que por mas que recibas reanimación no te permite continuar respirando correctamente, de esos que dejan una perforación en tu cuerpo bastante notoria, de esos puñales que te hacen sentir que desde entonces la vida ya no es la misma y que por mas que te esfuerces en brindarle una sana y pronta recuperación no se consigue porque simplemente queda la cicatriz, grande, dolorosa, muy notoria y por su visibilidad es imposible dejar esos sucesos atrás y que al contrario los tienes presente cada día en el que Dios te permite vivir y en cada segundo en el que Dios te permita respirar.